Crónica de Atenas y IV

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Jornada Cuarta. Refugiados.

 

En esto se despertó el divino Odiseo acostado en su tierra patria,
pero no la reconoció pues ya llevaba mucho tiempo ausente.
Odiseo se puso en pie de un salto y comenzó a mirarla.
Dio un grito lastimero, golpeó sus muslos con las manos
y entre lamentos decía: “Ay de mí, ¿a qué tierra de mortales he llegado?
¿Son acaso soberbios, salvajes y carentes de justicia,
o amigos de los forasteros y con sentimientos de piedad hacia los dioses?”
Odisea, Canto XIII

 

La última mañana de mi estancia en Atenas amanece espléndida y cálida. Hoy la luz en la ciudad es distinta. Y parece una premonición. El encuentro de abogados europeos aprueba por unanimidad un pronunciamiento a favor del derecho de asilo y por el acceso de las personas desplazadas a justicia. También aprueba el planteamiento de pleitos y la litigación estratégica para conseguir condenas del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y de la Corte de Justicia de la Unión Europea. Los 11 expedientes de Idomeni, los de nuestra queja colectiva ante el Defensor del Pueblo, serán casos a seguir judicialmente por los compañeros griegos con nuestro apoyo y asistencia. No es difícil encontrar puntos de entendimiento y trabajo en común. No puede ser que todos los años de estudio del Derecho y de experiencia ante los tribunales que sumamos los letrados de siete países europeos en esta reunión no sirvan para nada en la hora más urgente de nuestro tiempo.

Crónica de Atenas III

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Jornada tercera. Abogados.

El tercer día tenemos las reuniones con los abogados atenienses. Quieren formar parte de la Asociación de Abogados Europeos Demócratas, a la que yo ya pertenezco. El encuentro es en el colegio de abogados de Atenas, en la calle Akadimias. Como casi todos los lugares que he visitado hasta ahora, también el colegio está en un vetusto edificio, sin un carácter determinado, ni muy antiguo ni muy moderno, aséptico y no demasiado funcional. Su situación arquitectónica y estética son un tanto precarias por falta evidente de mantenimiento. En las salas de reunión, no todas las lámparas y tubos fluorescentes funcionan y me explican que es que los estropeados no son repuestos inmediatamente. Todo necesita su tiempo.

Crónica de Atenas II

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Jornada segunda. Griegos.

Me preparo rápido por la mañana, nada más despertar. La primera cita del día es en la sede del Defensor del Pueblo griego. Llego acompañado de Anna, también abogada en Barcelona. Bajo el brazo llevamos once expedientes de otras tantas familias sirias y kurdas bloqueadas en el campamento de Eko, cerca de Idomeni y la frontera greco-macedonia. “Eko-camp” toma su nombre de la gasolinera de la autovía junto a la que está levantado el asentamiento. Estas once familias contactaron con los abogados en Barcelona gracias a unos voluntarios catalanes que pasaron por el campo. Hemos recabado autorizaciones expresas de estas personas, para presentar en su nombre quejas delante del Defensor, sus documentos identificativos y la constatación documental de que les ha sido imposible solicitar asilo en Grecia. En el campo, la única forma de presentar un asilo es reservar cita previa a través de una llamada por skype, en un horario muy limitado de dos horas diarias. Sin embargo, ni estas once familias ni otros cientos de ellas en Eko-camp han logrado que alguien responda al otro lado del skype. Desde hace más de un mes, también desde Barcelona hemos intentado establecer conexión por skype, con el fin de comprobar lo que los refugiados nos explicaban. Y es cierto, por supuesto. Y es kafkiano: la imposibilidad fáctica de acceso al procedimiento de asilo provoca que las personas en Eko-camp no reciben ningún tipo de protección oficial, que ni para la Democracia Griega ni para la Unión Europea consten como otra cosa que migrantes irregulares e indocumentados.

Crónica de Atenas

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primera jornada: Enamoramiento.

Llueve débilmente en el gris aeropuerto de Venizelos. No es el día radiante que uno espera encontrar en este sur mediterráneo, griego y marinero. Parece una premonición. El trayecto hasta el centro de Atenas, en autobús, dura una hora y cuarto. Paso junto a un Ikea y otro Leroy Merlin, ambos muy cerca del aeropuerto, en medio de los olivares casi interminables del Ática. Los olivares tienen algo de digno en el paisaje: humanizan lo abrupto y amenazador de las empinadas laderas.Irudia13871

El atasco de tráfico en la avenida Vassilisis Sofias retrasa un poco más la llegada al alojamiento. Llego andando al apartamento en una calle justo entre los barrios de Kolonaki y Exarquía. El apartamento es grande y sencillo. Hay un equipo de música y pongo una emisora local de canciones populares helenas. Me resultan un tanto empalagosas, aunque no me molestan y las dejo sonar. La lengua griega suena diáfana y familiar, sensación inicial que se irá confirmando durante el viaje. Sobre una estantería del comedor, encuentro guías y mapas de Atenas, pero solamente en alemán. Es irónico. Me advierten de que en los kioskos de Atenas se encuentra prensa francesa, española, italiana, británica... pero no alemana. Aunque la advertencia parece fruto de una leyenda urbana, maliciosa y llena de socarronería, no recuerdo haber visto el Frankfurter Allgemeine Zeitung en Atenas. El humor negro de los griegos con los que me encuentre durante el viaje se expresa desde el primer momento.

Expulsiones o la manera europea de acoger refugiados

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retornos contra refugiados

Sigo con atención las noticias en los medios de comunicación acerca de la situación en las fronteras europeas orientales, en los Balcanes y en Grecia. Todo lo relacionado con la llamada crisis de los refugiados, con las medidas de acogida en Europa y España, el rescate de náufragos en las costas griegas e italianas... Recibí con perplejidad en noviembre pasado la noticia, ampliamente difundida, de la llegada de los primeros doce refugiados a España. Me pareció sorprendente el despliegue mediático de una respuesta española irrisoria, ya que se trataba de dar cumplimiento a un compromiso de acogida de 17.000 personas.

Dicho sea de paso, 17.000 de las 160.000 que calcula la Comisión Europea han de ser reubicadas en los distintos Estados de la Unión Europea, a través del conocido “acuerdo de cuotas” de refugiados que trata obscenamente las cifras de personas como si en vez de personas se tratara de mercancías.

Decidí investigar por muy cuenta, pues el exceso de autocomplacencia europea vertido en los medios de comunicación y convenientemente proclamado por las autoridades comunitarias y gubernamentales españolas me resultaba anodino e indigesto. A algunas personas les pudo servir de adormidera moral lo que nos llegaba por las ruedas de prensa y las comparecencias, los titulares y los resúmenes apresurados en los noticieros. Sin embargo, algo me decía, no me pregunten el qué, que no nos contaban toda la verdad.

Decidí ir a las fuentes, a los documentos de la Comisión Europea y enterarme bien de “las medidas dirigidas a responder a la crisis de los refugiados”. Llegué primero a los comunicados de prensa que se pueden consultar públicamente y empecé a investigar en los contenidos y enlaces que se me ofrecían. Parto de los datos actualizados a 23 de diciembre de 2015, fecha del último comunicado público de la Comisión Europea. Esto es lo que he aprendido:

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