Disfonia del asilo en cinco movimientos

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Ética, responsabilidad y Derecho

Blog de Cristianisme i Justícia Primer movimiento. Moderato. Dicen que hay un derecho al asilo. Esto significa que hay un derecho subjetivo al asilo, es decir que un sujeto puede apelar a que se le reconozca, garantice refugio y proteja en caso de padecer un temor fundado de persecución y de decidir abandonar su país de origen y/o residencia por esta razón. Como tal derecho subjetivo, su envés nos muestra que hay una obligación de asilo. El sujeto de la obligación son las autoridades de los países a los cuales el refugiado acude huyendo, escapando. Yo no concedo asilos, son las autoridades de mi país las que lo hacen. En el marco de una Unión Europea, las autoridades europeas. El poder para conceder o no un asilo lo ostentan esas autoridades, no yo. Quien tiene más poder, tiene más responsabilidad, diría Hans Jonas. Yo no tengo ningún poder sobre la situación jurídica del derecho al asilo de las personas refugiadas. Yo no tengo ninguna responsabilidad sobre sus vidas (y sus muertes).

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Segundo movimiento. Allegro prestissimo. Las novedades sobre la situación en Europa son diarias. La evolución de las decisiones es demasiado rápida como para que yo responda a tiempo. Además, no hay decisiones comunitarias: Alemania negocia con Turquía por un lado, Hungría cierra fronteras por otro, Austria también por allá, Eslovenia y Croacia establecen cupos de entrada por acá. Cada país toma su propio camino. No hay un derecho europeo de asilo. Perdón, quería decir que no hay derecho. Que no hay Europa. Que no hay asilo.

Tercer movimiento. Adagio lentissimo. Rectifico, hay un Sistema de Dublín, que es la sucesión de tres tratados, que regula la competencia sobre el examen de una petición de asilo y a qué país europeo corresponde. El primer convenio de Dublín se adoptó en 1990 y entró en vigor en 1997; Dublín II empezó a gestarse en 1998 y entró en vigor en 2003. Dublín III comenzó a negociarse en 2008 y se firmo en 2013. Las decisiones europeas sobre qué hacer con el derecho de asilo no han sido nunca rápidas. También por esta lentitud, el sistema Dublín III está pensado para un número bajo de solicitudes de asilo y no resulta eficaz en situaciones de emergencia: Hungría, Eslovaquia y Polonia lo aplican a rajatabla y rechazan el paso por su territorio de refugiados en junio. Alemania y república Checa no lo aplican durante agosto de 2015, precisamente para dar salida a los refugiados bloqueados en Austria y Hungría. Si el nacimiento del actual sistema europeo de asilo, Dublín III, necesitó 5 años, ¿cómo puedo esperar que en unos pocos meses Europa se ponga de acuerdo?

Cuarto movimiento. Andante maestoso. Ante la constatación de que los responsables políticos no asumen la responsabilidad que les da el poder que detentan, ¿qué debo hacer yo? Lo más insoportable no son las maldades de las malas personas, sino la indiferencia de las buenas. Independientemente de quien lo pronunció, este pensamiento es una invitación a pensar-actuar éticamente. Lo que me cabe hacer a mí es usar mi capacidad de juicio. O sea, pensar-actuar.

Releamos Eichmann en Jerusalén, libro imprescindible, de Hannah Arendt: Pensar es aquella acción que constituye a quien la realiza como persona frente al impersonal sujeto burocrático: «dicho de otra manera: el mayor mal que puede perpetrarse es el cometido por nadie, es decir, por seres humanos que se niegan a ser personas. Dentro del marco conceptual de estas consideraciones, podríamos decir que los malhechores que rehúsan pensar por sí mismos y que se niegan también retrospectivamente a pensar en ello, es decir, a volver atrás y recordar lo que hicieron (que es la teshuvah o arrepentimiento) no han logrado realmente constituirse en personas. Al empecinarse en seguir siendo nadie, demuestran no ser capaces de mantener trato con otros que, buenos, malos o indiferentes, son por lo menos personas». Arendt no acepta tan fácilmente la idea de culpa colectiva, ya que donde todos son culpables, nadie lo es. La culpa, como la responsabilidad, es siempre personal.

¿Por qué hay personas que asumen su responsabilidad y otras no? La respuesta es la socrática: «lo que realmente dice el argumento moral que he citado en la forma de proposición socrática es lo siguiente: si yo hiciera lo que ahora se me pide como precio de mi participación, por mero conformismo o incluso como la única posibilidad de ejercer una eventual resistencia con éxito, ya no podría seguir viviendo conmigo mismo; mi vida dejaría de tener valor para mí. Por tanto, es mucho mejor que padezca la injusticia ahora y pague incluso el precio de una pena de muerte en el caso de que se me fuerce a participar, antes que obrar mal y tener luego que convivir con semejante malhechor».

Quinto movimiento. Vivace. Debo identificar la responsabilidad personal de cada cual. Con un juicio jurídico, incluso, ya que soy jurista. No echo la culpa a la ley, no busco la responsabilidad de la ley o del procedimiento, de sus lagunas, de sus olvidos, de sus imperfecciones. En todo caso, denuncio la responsabilidad de los legisladores concretos del derecho de asilo, de los diputados y senadores, los europarlamentarios, los ministros, los presidentes… Aquellos indiferentes, también. Que los responsables puedan recordar lo que hacen -y puedan arrepentirse-. Los legisladores y también los ejecutores y aplicadores, con su grado de participación del poder: jueces, fiscales, abogados, burócratas, policías,…

Y escucho a Sancho Panza, que le pregunta a don Quijote: “-Señor, pues, ¿qué hemos de hacer nosotros? -¿Qué? Socorrer a los menesterosos y desvalidos”, responde el andante caballero a su escudero… y a los indiferentes.